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Respeto del ambiente y salvaguardia de la creación<

70. Los Padres sinodales recordaron además los aspectos éticos de la cuestión ecológica. Efectivamente, el sentido profundo del llamamiento a globalizar la solidaridad incluye también, y con urgencia, la cuestión de la creación y de los recursos de la tierra. El "gemido de la creación" al que alude el apóstol (cf. Rm 8, 22) parece presentarse hoy en una perspectiva inversa, pues no se trata ya de una tensión escatológica en espera de la revelación de los hijo de Dios (cf. Rm 8, 19), sino más bien de un espasmo de muerte que tiende a atrapar al hombre mismo para destruirlo.
Efectivamente, en esto se manifiesta en su forma más insidiosa y perversa la cuestión ecológica. Pues "el signo más profundo y grave de las implicaciones morales, inherentes a la cuestión ecológica, es la falta de respeto a la vida, como se ve en muchos comportamientos contaminantes. Las razones de producción prevalecen a menudo sobre la dignidad del trabajador, y los intereses económicos se anteponen al bien de cada persona, o incluso al de poblaciones enteras. En estos casos, la contaminación o la destrucción del ambiente son fruto de una visión reductiva y antinatural, que configura a veces un verdadero y propio desprecio del hombre".
Evidentemente, no sólo está en juego una ecología física, es decir, preocupada por la tutela del hábitat de los diversos seres vivientes, sino también una ecología humana, que proteja el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones y prepare a las generaciones futuras un entorno que se acerque lo más posible al proyecto del Creador. Se necesita, pues, una conversión ecológica, a la cual los Obispos darán su propia contribución enseñando la relación correcta del hombre con la naturaleza. Esta relación, a la luz de la doctrina sobre Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, es de tipo "ministerial". En efecto, el hombre ha sido puesto en el centro de la creación como ministro del Creador.